Una historia tomada de la experiencia d euna lujuriosa joven que gozó la verga y la leche del padre de uno de sus amiguitos con derecho al cual terminó reemplazando por la enorme y carnuda verga del papa de este....
En mis ratos de lujuria y calentura, fui por equivocación con Iván, Primo de Jesus un amigo, al que quería tirarme, y allí me acabó cogiendo uno de sus amigos, apodado el Potter jejejeje. Pues bueno, en los días siguientes continué fantaseando mucho con Jesús, en cómo tendría la verga y en cómo cogería jejejeje y nuevamente me calenté de más jejeje
A lo mejor porque es un nerdito o quien sabe por qué, pero su amigo Iván no se conectó al Face en los días siguientes, y no pude pedirle que ahora sí me diera la dirección verdadera de Jesús
u.u
El ver que no daba señales de vida me hizo desesperarme, y acabé diciéndome que iba a visitar al Potter en su casa, para que me cogiera. Así que le mandé un mensaje a su cel diciéndole que si iba a estar en su casa. No me contestó pronto el maldito jejejeje y tuve que ser más explícita y decirle:
Chiquito, ¿no se te antoja volver a cogerme?
¿Cuándo estarás en tu casa, eh?
Ándale, di que sí: mi puchita extraña tu vergota.
Y ése sí me lo contestó rápidamente (y como no jejejeje, modestia aparte). Me dijo que sí, que fuera el otro viernes, a las cinco de la tarde. A mí me extrañó un poquito, pues me dijo que iba en la tarde a la escuela, pero me dije que a lo mejor ese día no tenía clases. Le dije que sí y que allá iría jejeje
Así que ése día fui a su casa jejeje me fui vestida con un pantalón de mezclilla bien pegadito y roto de las rodillas y con una blusa negra también muy pegada, aunque sin tanto escote jejeje, pero que hacía resaltar mis tetotas jejejeje. Llevaba mi pelo rojo amarrado en una cola de caballo y tenía los labios bien rojos. Además, no llevaba ropa interior jejeje. Varias veces, antes de llegar a mi destino, me chiflaron y hasta me tortearon jejejeje pero no me importó: en lugar de ello, a todos los que lo hicieron los volteé a ver con una sonrisota y una mirada lasciva jejeje
En cuanto me paré frente a la puerta, me pareció que la casa estaba vacía. No sé por qué, pero me dio esa impresión jejeje. El chiste es que, de cualquier modo, toqué el timbre, y un momento después salió un señor alto, de piel negra, algo fornido y musculoso, con pelo negro y lentes. Yo, que ya estaba preparada para abalanzarme sobre el Potter, me contuve ante eso, y quise portarme educada, como soy con la gente más grande, pero él dijo:
– ¿Tú eres Andrea?
Yo, fingiéndome apenada, dije que sí con mi cabeza.
– O sea que mi hijo perdió la virginidad contigo – dijo.
Yo me quedé sacada de onda por eso, y no supe qué decir (o más bien, no supe si decir lo que quería decir jejeje). No pude decidir que hacer pronto, y el señor, ladeándose un poco, me invitó a pasar, con la mano.
– Pásale, por favor – me pidió –. No te apenas, Andrea. No te apenes.
Entré, algo desconfiada. Escuché rápidamente que cerraron la puerta, y de repente, antes que me pudiera dar media vuelta, los fuertes brazos de ese hombre ya me tenían rodeada. Una de sus manos empezó a acariciarme las tetas por encima de la ropa, y la otra empezó a acariciar mi pancita jejejeje y poco a poco comenzó a bajar hacía mi vagina jejeje
– ¿Eres su novia de mi hijo? – Quiso saber el papá del Potter, hablándome lujuriosamente.
Yo dije que no con la cabeza.
– Qué bien – contestó él, comenzando a pasar sus dedos por encima de mi vaginita, cubierta por mi pantalón jejeje –. Porque nunca me tiraría a mi nuera. Pero si nada más eres una amiguita con derecho…
Yo empecé a sentir delicioso, aunque ese sujeto no estuviera tocando mi piel desnuda. El sentir sus brazos rodeándome y darme cuenta que me deseaba desenfrenadamente me hizo ponerme a mil. El acordarme que era el padre de uno de mis amantes jejejeje me excitó de sobremanera, y también me hizo que me diera curiosidad por averiguar si el Potter había heredado de su papá su tremenda vergota jejeje
– ¿No hablas, o qué, chiquita? – Quiso saber él –. No te hagas, ¿eh? Que por lo que le mandaste a mi hijo, se nota que eres toda una puta.
Yo seguí haciéndome la mudita jejeje mientras disfrutaba las caricias de ese sujeto. De pronto, sus manos me levantaron poco a poco mi blusita, y cuando estuvo algo levantada, con su mano derecha empezó a sobarme los pechos. Cuando notó que no traía brassier, se puso como loco, y me manoseó como loco, pero muy deliciosamente.
– No, pues sí eres una puta – me dijo –. Ve nomás: hasta sin sostén vienes, chiquita. A ver, vamos a ver si traes algo aquí – y fue a estirar un poco mi pantalón con su otra mano, sin dejar de acariciarme las tetas, para averiguar si traía tanguita que cubriera mi vagina jejejeje pero lo que sintió no fue tela, sino mi puchita, que ya empezaba a mojarse, gracias a las caricias de ese hombre jejeje –. ¡Pinche putita! – Dijo, acercándome más hacia él –. ¡No traes ropa interior, suciecita!
Al acercarme más a él, pudo poner su boca en mi cuello, y empezó a besármelo con mucha desesperación, con sus labios gruesos, y que me daban mucho placer. Yo empecé a gemir, suavemente. Al mismo tiempo, sus dedos maravillosos comenzaron a hurgar en mi vaginita, y con su otra mano continuó estimulando mis pechos jejejeje
– Sí así de puta eres con mi hijo – me dijo –, ahora entiendo porque últimamente se tarda mucho en bañarse: ha de estársela jalando pensando en ti, putita. Y no lo culpo, ¿eh? Yo haría lo mismo.
Yo empecé a gemir más fuerte, pero ese tipo estaba tan ansioso besándome y manoseándome que aparentemente no lo notó, porque me dijo:
– Conque muy calladita, ¿eh? Ahorita vamos a ver si no reaccionas, putita.
Se separó repentinamente de mí y me dio la media vuelta. La brusquedad conque lo hizo me recordó mucho a cómo se comportó su hijo jejeje y eso me hizo excitarme muchísimo. Luego de quedar frente a frente, me atrajo hacia sí para darme un largo beso, brusco y apresurado, pero deliciosamente maravilloso. Empecé a notar un grandísimo bulto cerca de mi vaginita jejeje y eso me hizo excitarme todavía más, al imaginarme cómo se vería su verga.
Acto seguido, me empujó de frente contra la pared. Jadeando como animal jejejeje se arrodilló y me quitó primero mis tennis y luego mi pantalón jejejeje una vez semidesnuda, me dio la vuelta de nuevo, con más brusquedad que antes, y se arrodilló otra vez, delante de mí, para empezar a lamerme la puchita.
– ¡Ayyyy, papito! ¡Qué ricooooo! – Dije al fin.
– ¿Ah, verdad? – Se rió él, separándose un momento –. ¿No que no hablabas?
– Siiiii – gemí yo –. Siiiii, papito. Sí, sí hablo, pero sígueme chupando mi cosita, por favoooor.
– Eres toda una puta, chiquita – me dijo, y reanudó sus caricias.
Yo estaba en el Paraíso. La lengua de ese hombre era muy hábil, se enroscaba deliciosamente en los rincones de mi vagina, y hacía que tuviera sensaciones muy ricas. Estaba a punto de venirme cuando, de repente, él se levantó y, bruscamente, me levantó en sus brazos. Cuando lo miré, noté que ya no llevaba camisa puesta. De seguro se la había quitado silenciosamente mientras estaba chupándome la vagina jejeje. Intencionalmente puso uno de sus brazos musculosos sobre mi vagina, y me condujo hacia su cuarto. En el trayecto, estuvo moviendo de arriba para abajo su brazo, con lo cual continuó estimulando mi pepita jejejeje yo continué gimiendo, aunque mucho menos que antes, pues no es lo mismo el brazo que la lengua.
Tras cruzar el umbral de la puerta, la cerró con el pie. Después, me acostó sobre una cama, y allí, antes que él lo hiciera, me quité mi blusita, con rapidez y ansiedad.
– Métemela – le pedí, comenzando a acariciar su verga por encima del pantalón –. Métemela, chiquito. Ándale, no seas malitoooo.
– ¿Quieres mi verga, putita? – Preguntó.
– Siiii – le dije yo –. Siiiii. Por favor cógeme.
– Pero primero quiero que me des unas mamaditas, chiquita – dijo –. Ya después veremos.
Yo, ansiosa por sentir dentro mío esa verga, rápidamente le bajé el sierre al papá del Potter.
Después, le desabroché del pantalón, y de adentro de éste surgió una verga enorme, más negra y grande que la del Potter. Tan era así que abrí mucho los ojos y me sentí excitada como nunca antes.
– Ándale, putita – me dijo ese hombre –. Métetela a la boca.
Yo no le hice esperar. Tomé suavemente su verga con mi mano blanca y me la metí entre mis labios. Comencé a hacerle una deliciosa mamada, al mismo tiempo que lo masturbaba. Pronto empecé a escuchar sus gemidos, y eso me hizo ponerme súper cachonda, y que tuviera ganas de más. Así que, además de empezar a meterme más su verga en mi garganta, comencé a masturbarme con la mano que tenía libre. Mis gemidos de placer se ahogaban un poco debido a que tenía la boca retacada de verga jejejeje
– ¡Ahhhh, chiquita! – Decía él –. Que rico me la mamas. ¡Ahhhh! ¡Qué boquitaaaa!
Él poco a poco empezó a tomar la iniciativa, y acabó tomándome por la cabeza para obligarme a que se la siguiera chupando. Sin embargo, el tamaño de su verga era tal que empezó a lastimarme la quijada, y eventualmente, aunque me encantaba tenerla dentro, comencé a presentar resistencia. Él no se apiadó, y me mantuvo unida a él por medio de mi boca jejejeje hasta que quiso.
Bruscamente me liberó, y yo tomé muchas bocanadas de aire para reponerme. Estaba en ésas cuando sentí sus fuertes brazos tomarme de nuevo. Cuando me di cuenta, ya estaba bocarriba en su cama. Él se subió encima de mí, y repentinamente me empezó a penetrar, hundiéndola toda en mi puchita de golpe.
– ¡Ahhhh! – Gemí.
– Eso es, putita – me dijo, empezando a moverse –. ¡Ahhhh! ¡Así me gustaaa! ¡Asiiiiii! ¡Ayyyy, que rica vaginaaa!
– ¡Ahhhhh, sí! – Grité –. ¡Siiiiii! ¡Cógeme, cógemeeeeee! ¡Ahhhhh! ¡Por Dioooooos!
Estuvo arremetiendo contra mi indefensa vagina durante un buen rato. Con cada embestida, yo gemía como perra en celo, y mi vagina echaba muchísimo líquido. De pronto, me la sacó casi toda y después volvió a hundirla, con mucha brusquedad. Tal sorpresa me hizo abrir muchísimo de más los ojos, y que sintiera un orgasmo inmediato.
– ¡Ahhhhhh! ¡Chiquitooooo! ¡Que ricooooo!
– ¡Ahhhhh! ¿Te gusta, putitaaa?
– ¡Siiiii! ¡Me encantaaaa!
Unos instantes después, por fin me sacó su enorme verga de mi vagina, y se echó al lado de mí. Yo me iba a volver para besarlo y, así, agradecerle por el maravilloso orgasmo, pero no me lo permitió, pues, nuevamente con brusquedad, me tomó en sus poderosos brazos y me hizo que lo montara. Con rapidez, como si pensara que me iba a arrepentir, me enchufó en su vergota, y me puso las manos en la cintura, para poder controlar la penetración.
– ¡Ahhh! ¡Qué grandes se ven tus tetas desde aquiiii! – Me dijo.
– ¡Ahhhhh! ¿Crees que están grandeeees? – Quise saber.
– ¡Siiiii! – Contestó él –. ¡Y deliciosas! ¡Ahhhhh! ¡Tan deliciosas como toda tú! ¡Ahhhhh! ¡Coges tan ricoooo!
– ¡Que rica vergota tienes, ahhhhh!
– ¿Te gusta más que la de mi hijooo?
– ¡Siiiii! ¡Ayyyy, está mucho más grandeeee! ¡Y mucho más rica, tambiéeeeen!
– ¡Ahhhh, putita! Desde hoy quiero que vengas cada vierneees. Miguel no está a esta hora, y tú y yo nos podemos ¡ahhhhh! ¡Divertir muchoooo! ¿Sí quieres?
– ¡Siiiii! ¡Siiii, chiquito, vendré cada viernes a que me des mi ración de vergaaaaa! ¡De tu verga que me encantaaaaa!
Durante largo rato estuvimos así. De pronto, me levantó bruscamente, hasta que casi toda su verga hubo abandonado mi vagina. Y repentinamente, como la vez pasada, me la clavó completita en mi intimidad. Así como la vez anterior, me vine, irremediablemente. Pero en esta ocasión, eyaculé, manchando sus piernas y la cama con mis jugos, y gemí como una perra.
Sin darme tiempo a que descansara, me puso de pie y me hizo que apoyara mi cabeza contra las cobijas mojadas por mis fluidos. Apenas me había acomodado cuando me volvió a enterrar su negra verga hasta el fondo.
– ¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh! – Gemí –. ¡Siiii! ¡Siiii! ¡Cógeme asiiiii!
– ¡Ahhhh! ¡Eres toda una putaaaa! – Me dijo el papá del Potter (que acabó llamándose Miguel jejejeje) –. ¡Ayyy! ¡Vas a hacer que me vengaaaa!
– Vente adentrooooo – le pedí –. ¡Vente en mi vaginaaaaa!
– ¡Ahhhhh! ¡Cómo me gustaría, putitaaaa! – Respondió él –. Pero soy yo el que manda hoy, bebeeee...
Iba a protestar, pero él empezó a arremeter más contra mí, al mismo tiempo que me asía por mis caderas, para que la penetración fuera más profunda. Yo estaba, para entonces, en las estrellas, gracias a mi nuevo amante, quien definitivamente era mucho mejor que su hijo, y que me hacía que mis ojos permanecieran en blanco, gracias al placer.
Por tercera vez, extrajo casi por completo su verga de adentro de mi vagina, e igual, por tercera vez, me la clavó de golpe hasta el fondo, produciendo que me volviera a venir. Esta vez no le llené de fluidos, sino que me concentré en disfrutar las maravillosas sensaciones que me daba esa hermosa y brillante verga negra.
Poco después que mi orgasmo terminó, le escuché gemir fuertemente, y, parecía que ya era su costumbre, me tomó con brusquedad por la cabeza y me hizo que me arrodillara. Apenas lo hice, me dijo que abriera la boca, y en cuanto obedecí, empezó a derramar su leche en mi boquita, mientras gemía como loco.
Fue mucho el esperma que me dio ese hombre. Disfruté todos y cada uno de los chorros con los que me manchó, no sólo la boca, sino también la cara. No cerré la boca sino hasta que dejé de sentir su semen llenándome. Esperé un momento y luego miré hacia arriba. Lo vi a los ojos y luego, coquetamente, me tragué su semen. Después de haberlo hecho, con mis deditos comencé a juntar algunos de sus mecos que tenía en la cara y me los metí en la boca.
– Que rica lechita – le dije –. Me encanta.
– ¿Más que la de mi hijo? – Quiso saber él.
– Mucho más – contesté yo, mordiéndome el labio.
Antes de irme, se la volví a mamar, hasta dejársela limpia. Le prometí volver el siguiente viernes jejejeje pero no cumplí, aunque tengo excusa jejejeje pero esa es otra historia.
Ojalá les haya gustado este relato, amigos.
Besitos, en donde los quieran


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